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Tu Aporte

Tu Aporte

Hace días que siento que quiero escribir sobre mi encuentro con el Consejo de las 13 abuelas. Paso cerca de la computadora, u ordenador, como dicen por España y no me atrevo aún.

No es fácil compartir algunas experiencias. Las sensaciones son difíciles de traducirse a palabras. Ahora pongo los dedos, luego de haber estado tocando un poco la guitarra y cantando algunas melodías y algo comienza a surgir. Claro, es que esa sería la mejor forma de contar mi encuentro con las abuelas, con música. Tal vez venga alguna canción en estos días, pero por ahora, lo intento en esta reseña.

Se mezclará seguramente la conjugación de los verbos, porque una parte mía aún se encuentra allí. El Presente se instaló a partir de este encuentro.

Estamos en Torrenanita, una finca cerca de Borja, a unos 60 kms de Zaragoza. Sí, a 60 kms de la Expo Mundial del Agua. Pero allí, en la finca, nadie se acuerda de que la Expo está sucediendo simultáneamente. El tiempo en Torrenanita se tuerce, se estira, se detiene en un presente en el que estábamos, estamos, estaremos zambullidos en otra Expo, la del Corazón.

Trece abuelas, mujeres de distintas partes del planeta, están allí para prender un Fuego Sagrado en España, por primera vez. Y me toca compartirlo, sintiéndome por momentos niña, por momentos anciana, eterna, como estas mujeres que por seis días tengo delante, detrás y en mi interior. Porque cada una de ellas me espeja algo de mí que me acompaña desde siempre. Algo de la energía femenina, creadora de todo lo que existe y presente en todo lo que existe.

Estas mujeres nos muestran que cuando nos juntamos, todo es posible. Nos dicen que es hora de que la energía femenina, sana, se restablezca en la tierra. Pocos hombres hay en el encuentro. Humildes, dispuestos a sentir esta energía que también forma parte de ellos. Salen más grandes, más fuertes. Entre ellos están los seek, guardianes de la Diosa Femenina, originarios de la India. Vienen con sus atuendos, sus espadas, sus turbantes azules, sus lanzas, sus danzas, para rendir honores ante tan venerable grupo. Las abuelas se quedan sorprendidas con esta aparición, tanto como los que estamos allí. Nadie los esperaba.

Aquello parece una película. El tiempo se detiene para que veamos todas estas escenas sucediendo, y podamos parar cada una y así poder experimentar cada escenario y cada acto.

El tiempo se detiene para reverenciar a la Tierra, para reverenciar al Agua, para que el Fuego se vuelva eterno y pueda acariciar el corazón de todos los seres humanos y despertarlos de un sueño en el que se han quedado demasiado tiempo, y del cual es hora de salir. Para andar, vivir, construir, la vida que hemos olvidado. Para recordar que todo cuanto nos rodea es sagrado y para que no olvidemos que dependemos unos de otros. Entre todos formamos un entramado interdependiente de vida. No estamos separados. De nadie y de nada estamos separados.

Cada una de ellas, una historia que contar, pero el mismo mensaje: “¡Ya es hora, no hay tiempo que perder!”. Es hora de actuar, de despertar. Uno a uno, los corazones de los que estamos allí se van abriendo, vamos sintiendo que aún se puede, que la energía femenina que emana de la Tierra, sana.

A pesar de que escribo desde unos 12.000 kms que me “separan” de la finca y que cada una ya volvió con su comunidad, sigo sintiendo que estoy con ellas. Porque siempre lo estuve. Sólo hay que soltar todo lo que no es, para que lo que realmente es, se manifieste ante nuestros ojos y nuestros sentidos. Y volvemos a sentirnos parte de la Naturaleza, no separados como parecemos estar.

Estas mujeres se reúnen desde el 2004 cada seis meses, como resultado de varias profecías que dicen que las abuelas se reunirían en un momento crítico para la vida en el planeta, y darían un mensaje a la Humanidad. Se han juntado en sus lugares de origen, y ahora por primera vez, abren estos encuentros, con este fuego en Europa.

No es casual que esté allí. Me siento muy honrada por participar de este encuentro.

Y agradecida a mi amiga Carmen Paris que vio la posibilidad de que las abuelas se juntaran en España y me guardara este lugar. Ella quiso que las abuelas participaran del “Abrazo de las Mujeres del Mediterráneo”, que propuso a la Expo de Zaragoza, de la cual es madrina, por ser originaria de Aragón. Me había contado esta idea cuando vino a cantar hace dos años a El Galpón en el marco del intercambio cultural de Iberoamérica Crea. Pero la Expo, luego de interesarse, dejó de hacerlo. Sólo unos pocos pudimos compartir con ellas, unas 80 personas en cada uno de los dos encuentros de seis días en total). Y por ser unos pocos, es que siento que quiero compartir con todos algo de lo allí vivido.

Seis días de cantos, ceremonias, charlas, preguntas, respuestas, talleres, sanación, junto a 13 mujeres provenientes de Gabón, Nepal, Nueva Zelandia, Amazonia, Méjico, Nicaragua, Círculo Polar Artico. También representantes de las naciones Cherokee, Lakota y Hopi de Norteamérica.

Luego de estos días en la finca, ellas y sus acompañantes partieron hacia Barcelona a presentar un libro que relata sus vidas y su reunión. También llevaron a cabo una ceremonia al aire libre, en el Parque del Laberinto, de forma gratuita, para centenares de personas que allí acudieron. Allí estaba yo también, claro. ¡Cómo perdérmelo!

Las ancianas abrieron los corazones de todos los que acudimos a estos encuentros. Todos los que estuvimos con ellas, seguramente estamos queriendo compartir esta experiencia con nuestras relaciones, para que tal vez los círculos sigan ampliándose. Para que nos pongamos en acción y detengamos lo que está sucediendo con nuestra Tierra, a quien hemos descuidado y seguimos descuidando día a día. Ya no hay tiempo. Pero sí esperanza. Por eso debemos actuar, cada uno en la manera en que lo sienta. Proteger los bosques, las aguas, la fauna, la flora. Proteger a nuestros niños, nuestras mujeres, nuestros hombres, nuestros abuelos. Proteger las semillas, nuestros cultivos, volver a la naturaleza, salir de la contaminación ambiental y mental a la que estamos siendo sometidos por las multinacionales. Volver a ser quienes somos, seres de luz viviendo en un planeta maravilloso que nos lo ha proporcionado todo. ¡Y que nos está pidiendo que paremos con esta locura!

Las abuelas nos dicen que tendrían que haberse reunido mucho antes. Pero igual tienen esperanza. Yo también la tengo, a pesar de que todo indica que ya casi no hay tiempo.

Siento que podemos detenerlo un instante, actuar en el presente y sanar nuestras mentes y abrir nuestros corazones. Podemos trabajar en cooperación. Hay mucha gente trabajando para revertir las tendencias destructivas. Muchos más de lo que nos cuentan los noticieros.

Los medios de comunicación juegan un papel vital en el cambio. Por suerte los que estuvimos allí nos tornamos comunicadores improvisados, ante la escasez de los profesionales.

También fue muy importante la presencia de una senadora de Catalunya, única representante del Gobierno Español.

Cuando pienso en las abuelas, oigo música. Todas ellas viajan con cantos, con instrumentos, con las voces de sus pueblos. Con esas músicas y corazones abiertos, fueron al Vaticano a ver, claro, al Papa. Parece ser que existen las “bulas papales”. Yo no sabía de su existencia. Algo que se escribió hace siglos legitimando, por parte de los europeos, la posesión de las tierras y los bienes de los indígenas en todo el mundo, basados en la convicción de que pertenecían a una condición humana inferior. Y parece ser que a ningún Papa, ni siquiera al más bueno, se le ocurrió destruirlo y pedir disculpas. Las bulas papales siguen vigentes y las abuelas no fueron recibidas por el señor en cuestión.

En la finca de Torrenanita (llamada así en homenaje a una anciana mexicana llamada Nanita) todos los allí presentes firmamos una carta que será enviada al intermediario con Dios (según dicen), para ver si de esa manera el Papa se entera. ¿Se imaginan la escena? Unas mujeres grandes, ancianas, algunas en sillas de ruedas, de distintas comunidades del planeta, con un mensaje de paz, amor y servicio… Bueno, que se quedaron en la puerta del Vaticano, y de allí se vinieron a la finca cerca de Zaragoza, porque en la Expo tampoco las recibieron. ¡En la Expo, donde el tema es el agua, la vida! Pues ellas hicieron ceremonias por la sanación del agua. Traían aguas de sus respectivos sitios que se mezclaron unas con otras, para ser sanadas con la vibración de lo que estaba sucediendo allí, con los cantos, los rezos de sus distintas culturas.

Para aquellos que no han oído hablar sobre la incidencia de las vibraciones en el agua, recomiendo conocer el trabajo de Masaru Emoto (“Los Mensajes del Agua”), a quien conocí en Uruguay hace unos años. Fácilmente encontrable en Internet y que trata sobre el cambio que se genera en las moléculas de agua sometidas a distintas vibraciones. ¡Y somos agua! Estas abuelas estaban haciendo lo mismo, a su manera. No se comprobó científicamente como los trabajos de Emoto, pero fue lo mismo.

Al encuentro faltó la presencia física de una de las abuelas que no pudo concurrir a la cita, la del Tibet. Su esposo había fallecido unos días antes, y ellos guardan 45 días de luto. Pero su foto, enorme, estaba presente en todo momento, y su presencia se podía sentir en algunos cantos dedicados especialmente a la gente del Tibet.

Además de las abuelas, estuvo de invitada como embajadora, la abuela Pauline, maorí, de Nueva Zelandia, con quien pude charlar mucho sobre las ballenas, ya que pertenece a la tribu que dicen ser hijos de las ballenas. Viene del sitio donde se filmó la maravillosa película “Jinete de Ballenas”. La abuela Pauline está deseosa de venir a conocer a las ballenas que se acercan a nuestras costas. Estoy segura de que pronto la tendremos por aquí.

Acompañaban a las abuelas, algunas de sus hijas e hijos, músicos acompañantes y también traductores, porque como se pueden imaginar, aquellos fue un congreso de naciones. Se sumó gente de lugares muy distantes, que vinieron expresamente al encuentro. Estoy segura de que todos los que concurrieron, están en estos momentos actuando de alguna u otra manera, para hacer posible un salto cuántico en el cambio de conciencia de la Humanidad.

Ojalá podamos recrear en nuestras realidades y en nuestras relaciones, el mensaje de las abuelas, soltando los anhelos de poder y la ignorancia. Para que de una vez por todas caigamos en la cuenta de la interconexión e interdependencia existente entre los seres que habitamos este planeta. Es una ilusión que estemos separados del resto o de cualquier cosa que esté sucediendo. Si cuido, me cuido. Si comparto, evoluciono. Lo que le sucede a uno, de alguna forma nos sucede a todos.

Próximo encuentro abierto, en Gabón, 2010.

Con amor y esperanza,

Mariana

Página oficial de las abuelas: www.grandmotherscouncil.com

www.consejo13abuelas.es

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