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Historias para ganar el mundo

Historias para ganar el mundo

Fé y realización

Guru Nanak y su acompañante, Mardana, viajaron muchos miles de millas predicando la verdad. Mardana había dejado a su esposa e hijos al responder al llamado del Guru varios meses atrás. Un día, Mardana le dijo a Guru Nanak: “Mi querido Guru, me siento bendecido de estar en tu presencia y de ayudarte a esparcir tus enseñanzas. Sin embargo, aún extraño a mi familia y me pegunto cómo están en mi ausencia. Tú tienes el poder de ver lo invisible, de llegar a cualquier parte con tu cuerpo astral, de estar en un millón de lugares al mismo tiempo. Yo quedaría muy agradecido si tu me ayudaras a ir a casa para ver a mi familia”.

Guru Nanak sonrió y dijo: “Complaceré tu petición, Mardana. Cierra tus ojos y medita, y cuando de nuevo los abras, mira donde estás”.

Cuando Mardana hizo esto, se encontró sentado a las afueras de su ciudad. Sin ningún esfuerzo, había recorrido miles de millas. Volvió a cerrar sus ojos, meditó y regresó con Guru Nanak. El se reverenció ante Guru Nanak y dijo: “OH, Guru, tu ere Dios en un cuerpo físico. Yo estoy tan feliz y agradecido”.

Guru Nanak le dijo: “Ahora, Mardana, medita otra vez y ve a tu casa a ver a tu familia”.

Mardana vaciló; parecía un poco triste, de modo que Guru Nanak le preguntó qué era lo que pasaba.

“Señor, aún soy un hombre de familia. Después de haber estado fuera tanto tiempo y conociendo a mi familia, ellos esperarán regalos y no tengo nada que darles”.

Guru Nanak solo se sonrió y dijo: 2Abre tu manto. Yo te daré algo para tus niños”. Guru Nanak recogió un puñado de piedras del suelo y le dijo a Mardana que las atara firmemente. “Ábrelo solamente cuando llegues a casa”.

Mardana vio que el Guru solo había puesto piedras ordinarias en su manto y por un momento se sintió perturbado. El no entendía como podría darle a su familia estas piedras como regalo después de haber estado fuera tanto tiempo. Pero tenía fe en su Guru y sabía que debía haber una buena razón para que Guru Nanak le diera las piedras, y se sintió agradecido.

Mardana cerró entonces sus ojos y meditó, e instantáneamente regresó a casa. Cuando sus hijos lo vieron estaban tan emocionados que corrieron hacia él y abrazaron sus piernas. Mardana se dirigió hacia la mesa y, sin dudarlo, deshizo el nudo de su manto y esparció muchas brillantes monedas de oro. Todos estaban encantados, pero Mardana estaba maravillado. Todo lo que pudo decir fue “Dhan Nirankar” una y otra vez, lo cual significa “Dios es grande, Dios es grande”.

Mardana le contó a su familia la historia de las piedras y las monedas de oro y les explicó: “Siempre canten “Sat Nam, Wahe Guru” (Verdad es el nombre de Dios, indescriptible Su Sabiduría) y todos sus deseos serán concedidos. Siempre tengan completa fe que su Guru les bendecirá y responderá a todas sus oraciones. Mi experiencia personal es que la fe crea milagros”.

Tan solo hablando sobre su Guru, Mardana sintió tanto amor por él que anheló volver con el tan pronto como fuera posible. Después de decir adiós a su familia, cerró sus ojos para meditar y regresó con Guru Nanak. Tocó los pies del Guru con gran reverencia y gozo, y pronto emprendieron su siguiente viaje.

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